La importancia de la hidratación

Alimentación  |  18.09.2015  |  por Nestlé  

La importancia de la hidratación

El agua es imprescindible para que nuestro organismo pueda llevar a cabo sus funciones metabólicas. También forma parte de las células, los órganos, los músculos, los huesos y de los fluidos corporales. El agua representa un 60% del peso de un hombre adulto y el 50-55% del peso de una mujer. Esta diferencia entre sexos se debe a que la mujer presenta, de forma  natural, mayor cantidad de grasa corporal, lo que reduce la cantidad de agua. 

El agua y la edad

El porcentaje de agua corporal va variando a lo largo de la vida: los recién nacidos tienen una proporción de agua que oscila alrededor del 75% de su peso. A medida que pasan los años va aumentando la cantidad de masa grasa del cuerpo, proceso que ocurre normalmente en los mamíferos, lo que provoca una reducción de la cantidad de agua corporal.

La hidratación en las diferentes etapas de la vida

Existen determinados grupos de edad que resultan especialmente sensibles a la deshidratación: los niños, las mujeres embarazadas, las mujeres en periodo de lactancia y las personas de avanzada edad. Los niños muchas veces olvidan ingerir líquidos, así que es muy importante que los adultos se encarguen de comprobar que los más pequeños se están hidratando correctamente. 
Durante el embarazo y la lactancia materna aumentan los requerimientos de agua para el correcto desarrollo del feto y para la producción de leche. Por otro lado, con la edad se ve reducida la capacidad de detectar la sensación de sed, lo que facilita la aparición de deshidratación.

La importancia de una correcta hidratación

Los humanos podemos sobrevivir muy pocos días sin beber agua. El agua es un medio de disolución de líquidos corporales (sangre, linfa, saliva, bilis, etc.), que sirve como transportador de nutrientes, contribuye a la regulación de la temperatura corporal, permite eliminar los productos de desecho y ayuda al proceso digestivo. Pero hay que tener en cuenta que tenemos pérdidas de agua continuas, a través de la orina, de las heces, de la respiración y del sudor. Estas pérdidas también se verán afectadas por la temperatura del ambiente que nos rodea.
Para que se dé una correcta hidratación, debe haber un equilibrio entre la ingesta y la pérdida de agua. Nuestro organismo tiene sistemas que regulan la cantidad de agua del cuerpo, por lo que cuando esta cantidad empieza a ser deficiente, se activan sistemas hormonales que vienen traducidos por nosotros como la sensación de sed.  En cambio, si existe un exceso de agua corporal, se activan otros sistemas que provocarán las ganas de orinar.

Ingesta adecuada de agua

Cuando el cuerpo pierde más cantidad de agua de la que ingiere, el equilibrio es negativo y se produce la deshidratación, situación que conlleva serias consecuencias sobre nuestro organismo. La ingesta adecuada de agua en condiciones normales de temperatura y humedad,  es de unos 2.0L y 2.5L para mujeres y hombres respectivamente. Si consideramos que esta agua debe proceder de alimentos y bebidas, se acepta que un adulto necesitaría beber entre 750 ml y 1.5L de agua al día. El resto procedería de otros alimentos, pudiendo variar de los 500 ml a los 1.100ml dependiendo del patrón alimentario, siendo más alto en dietas ricas en frutas y hortalizas.
Las necesidades individuales de agua dependen de numerosos factores: actividad física diaria, temperatura, humedad del ambiente y tipo de dieta, sobre todo. Lógicamente, en situaciones de actividad física intensa y de temperaturas elevadas las necesidades de agua aumentan.
La recomendación general es beber agua en todas las comidas y entre horas, cuando se tenga sed. Una persona adulta sana con una actividad física ligera, no necesita beber agua sin tener sed. Los lactantes, niños y personas de edad avanzada, se consideran colectivos vulnerables por lo que habrá que tener más precauciones para una correcta hidratación.

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